Estados Unidos y Venezuela: el petróleo vuelve al centro de la agenda geopolítica

La caída del régimen de Nicolás Maduro reabre el debate sobre el rol estratégico del petróleo venezolano y el posible regreso de empresas estadounidenses a uno de los mercados energéticos más relevantes del mundo.

La reciente remoción de Nicolás Maduro del poder, tras una intervención encabezada por Estados Unidos el pasado 3 de enero, volvió a colocar a Venezuela en el centro del tablero geopolítico y energético global. En ese contexto, el presidente estadounidense Donald Trump afirmó que compañías petroleras de su país estarían en condiciones de invertir “miles de millones de dólares” para reconstruir la infraestructura petrolera venezolana, una industria clave pero profundamente deteriorada.

Venezuela posee alrededor de 303.000 millones de barriles de reservas probadas, cerca de una quinta parte del total mundial, lo que la convierte en el país con mayores reservas de crudo del planeta. Sin embargo, ese potencial contrasta con una producción actual muy reducida, consecuencia de años de desinversión, mala gestión y sanciones internacionales.


Reacción inicial de los mercados

La noticia generó una reacción inmediata en los mercados financieros internacionales. El oro subió cerca de 2,6%, reflejando un aumento de la aversión al riesgo ante el nuevo foco de tensión geopolítica. El petróleo, en cambio, tuvo una reacción más moderada, con subas del 1,6% en el Brent y 1,7% en el WTI.

Esta respuesta acotada del crudo se explica, en gran parte, por el bajo peso actual de Venezuela en la oferta global: el país produce cerca de 1 millón de barriles diarios, apenas el 0,8% de la producción mundial, muy lejos de los niveles históricos que supo alcanzar.

Donde sí se observó un impacto más claro fue en el mercado accionario. Las grandes petroleras estadounidenses registraron subas superiores al 2%, mientras que el ETF del sector energético cerró la jornada con avances cercanos al 3%.


Una industria con enorme potencial, pero profundamente dañada

La mayor parte del petróleo venezolano se concentra en la Faja del Orinoco, una región caracterizada por la producción de crudo extra pesado, altamente viscoso y con alto contenido de azufre. Este tipo de petróleo requiere tecnología avanzada, inversiones significativas y procesos de refinación complejos, lo que eleva los costos y dificulta una recuperación rápida.

Estados Unidos cuenta con una infraestructura de refinación particularmente desarrollada en la Costa del Golfo, diseñada justamente para procesar crudos pesados como el venezolano. Esto explica por qué, desde el punto de vista técnico, las empresas estadounidenses aparecen como actores naturales en un eventual proceso de reapertura del sector energético venezolano.

Sin embargo, la recuperación no sería inmediata. La producción petrolera del país se redujo alrededor de 67% desde 2013, reflejando el deterioro estructural de la petrolera estatal PDVSA y la falta sostenida de inversión.


¿Qué puede esperarse hacia adelante?

En el corto plazo, el precio del petróleo podría registrar subas moderadas asociadas a la incertidumbre política y al riesgo de interrupciones en la oferta, en un escenario comparable al observado en otros procesos de transición política en países productores.

No obstante, el contexto global sigue siendo desafiante: el mercado petrolero enfrenta exceso de oferta y un crecimiento moderado de la demanda, lo que llevó a que los precios internacionales del crudo acumulen una caída cercana al 20% en el último año.

Si el proceso político en Venezuela avanza sin sobresaltos y se concreta una apertura que permita el regreso de compañías internacionales, el impacto potencial sobre el mercado energético global podría ser relevante. Aun así, se trata de un proceso de largo plazo, cuyo efecto pleno difícilmente se materialice antes de cinco a diez años.


Sectores y compañías que podrían verse beneficiados

En un escenario de normalización gradual, algunos segmentos del sector energético aparecen mejor posicionados:

  • Grandes petroleras integradas, con capacidad financiera, experiencia técnica y escala global, que podrían liderar proyectos de reconstrucción. Tickers: CVX (Chevron Corp), XOM (Exxon Mobil Corp.) y OXY (Occidental Corp.).

  • Refinadoras estadounidenses, especialmente aquellas con instalaciones complejas capaces de procesar crudos pesados. Ticker: PSX (Philips 66).

  • Empresas de servicios petroleros e ingeniería, que aportarían tecnología, equipos y know-how para la reactivación de pozos e infraestructura. Tickers: SLB (Schlumberger Ltd), HAL (Halliburton Company).

Para quienes buscan una exposición diversificada al sector energético sin seleccionar compañías puntuales, los ETF sectoriales aparecen como una alternativa eficiente para capturar los movimientos del sector energético de EEUU. Ticker XLE


Conclusión

La situación en Venezuela vuelve a poner de relieve el rol estratégico del petróleo en la geopolítica global. Aunque el potencial del país es indiscutible, la recuperación de su industria energética será lenta y exigirá estabilidad política, alineamiento internacional e inversiones masivas.

Para los mercados, el impacto inmediato es limitado, pero el escenario abre una oportunidad estructural de largo plazo que podría redefinir el posicionamiento de Venezuela dentro del mapa energético mundial, siempre que las condiciones políticas y económicas acompañen.

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